EL IDOLO CAÍDO

Billy Graham con el papa Juan Pablo II en el Vaticano, 1993.El Vaticano siempre mira hacia el futuro y hace planes con 25, 50 ó 100 años de anticipación. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano tenía que elegir y apoyar a un personaje de los Estados Unidos que fuera su amigo, un hombre al que ayudarían a poner en un pedestal y que fuera amado por todos. ¡De ninguna manera podía ser un Martín Lutero! Este personaje influyente debía atraer a la gente, conquistar los corazones del pueblo norteamericano y conseguir su apoyo. Sería un líder que usarían para llevar sutilmente a los evangélicos hacia los brazos del papa. Sigue leyendo

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