2 Corintios 5:17 Vida nueva (4 parte)

Hoy en día muchos se acercan a las iglesias buscando felicidad, paz mental, alivio de la culpa, encontrarle sentido a la vida o suplir algún otro aspecto que le inquieta en cuanto a su existencia, sabemos que solamente Dios puede dar respuesta a estas necesidades, pero también sabemos que muchos vienen buscando que Dios les saque de alguna situación difícil, que les libre de las consecuencias de una vida desordenada, que les sane de una enfermedad o que les conceda una petición específica, pero la verdad es que quienes llegan con estas motivaciones no están buscando a Dios, están buscando los beneficios que Dios puede darle y aunque se perciba como una persona que está buscando a Dios, lo que realmente impulsa al hombre natural en sus iniciativas religiosas es obtener lo que desea, no a Dios, porque en su condición caída no desea a Dios ni le busca, todo lo contrario huye de Él.

El apóstol Pablo precisamente en los primeros tres capítulos de la carta a los romanos se esmera en dejar claro cuál es la condición de todos los hombres en su estado natural y lo expresa abarcando a toda la humanidad, en el capítulo 1 se refiere a los gentiles que no tienen excusa porque aunque no tengan la ley escrita, porque Dios mismo se les ha revelado, su eterno poder y deidad lo ha hecho a través de las cosas creadas, también ha puesto en su fuero interno un sentido de la existencia de Dios pero aun así y debido al pecado terminaron adorando a las criaturas antes que a Dios, así que no es una sorpresa que el hombre tenga una iniciativa religiosa desde su perspectiva está buscando a Dios pero en su condición natural no busca a Dios, está buscando los beneficios de Dios, un hombre en su condición natural no le busca, no le desea, huye de Él y en el capítulo 2 como para redondear la condición de toda la raza humana se refiere incluso a los judíos, los tenedores y guardianes de las escrituras de la ley pero que aun teniendo la ley la transgreden cada uno de sus mandamientos, así que los gentiles que no tienen la ley pero que la ley está escrita incipientemente en su corazón y debido al pecado van en contra aún de este fuero interno que tienen y lo que la misma naturaleza revela de Dios en un camino contrario a Dios y los judíos con la misma ley de Dios y conociéndola la trasgreden finalmente muestra la condición de la raza humana, su estado natural un estado miserable y esto lo hace el apóstol Pablo para mostrar en el capítulo 1, capítulo 2 y capítulo 3 la necesidad de todo hombre en su estado natural de un salvador, en el capítulo 3 precisamente concluye citando varias porciones del antiguo testamento en la que se reafirma esta verdad escritural a la que nos hemos referido, ¿cuál?, la negativa, la imposibilidad a causa del pecado de que el hombre por iniciativa propia busque a Dios, así dice como está escrito (haciendo una referencia al antiguo testamento) “como está escrito no hay justo ni aun uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios, todos se desviaron a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno, ante esta perspectiva subjetiva de la persona que dice, “yo sí estoy buscando a Dios”, sabemos que la perspectiva humana en su incapacidad y limitación es falible y errada cuando la escritura nos dice que se éste es el estado del hombre natural,  ese es su estado y toda iniciativa religiosa no es porque esté buscando a Dios, está buscando los beneficios de Dios, pero no le está buscando realmente a Él.

Un teólogo contemporáneo condensó la realidad de todas estas iniciativas religiosas del hombre natural de esta manera “el pecado del hombre natural es precisamente eso, quiere los beneficios de Dios pero sin Dios, es por eso que las iglesias bíblicas predicamos el evangelio de nuestro Señor Jesucristo para salvación continua e insistentemente, porque no es para nosotros una sorpresa que la mayoría de los que llegamos a una iglesia evangélica por primera vez, no veníamos buscando a Dios, sino buscando los beneficios que Dios pudiera darnos, sea por un vacío existencial o por una necesidad específica pero sabemos que en su control providencial los problemas, los fracasos, la soledad, las crisis existenciales, la enfermedad y aún las consecuencias del pecado obran por la mano del Señor para humillarnos y de alguna manera ponernos en el momento indicado para rendirnos a los pies del Señor por la predicación del evangelio, es por esto que aun sabiendo que muchos de los que vinimos por primera vez a una iglesia cristiana veníamos bajo la motivación incorrecta siempre guiándonos por la solución a una necesidad específica aun así por esto predicamos el evangelio puro para salvación insistentemente porque frecuentemente la gracia de Dios se manifiesta a estas vidas que en el fondo no le buscan a Él pero Él si los ha traído para mostrar en ellos su poder y traerles a salvación”.

Es ante la proclamación humana del evangelio para salvación que el Espíritu Santo soberanamente imparte vida espiritual, para que aquel hombre que hace unos instantes estaba muerto espiritualmente avivado por el llamado de Dios, abierto sus ojos vea su miserable condición y venga a Cristo en arrepentimiento y fe, no estamos depositando la menor esperanza de una buena disposición y respuesta positiva que el hombre en su estado caído pueda dar, no tenemos la más mínima esperanza de la buena voluntad del hombre natural en una respuesta positiva ante la predicación del evangelio, no la va a dar, nuestra esperanza está puesta tan solo en Dios y en su poder que puede llamar a un Lázaro que ya hiede cuatro días y ordenarle Lázaro ven fuera, cuántas veces como si se nos olvidará esta verdad hemos dicho “es tan difícil que esa persona se convierta”,cualquiera menos él”, “es que usted no lo conoce” como si nuestra esperanza estuviera puesta en esa persona, sabemos las motivaciones que inicialmente pueden traer a muchos a la iglesia, pero también sabemos del control providencial de Dios de todas las circunstancias y anunciamos el evangelio porque aunque muchos vienen con la motivación errada, el Señor gusta de derramar su gracia y manifestar su poder, porque el hombre no le busca, es Dios el que toma la iniciativa en la salvación del hombre, es de Dios quien busca el perdido.

¿Quién entonces es el que obra en ese cambio radical?, ¿quién es el que hace esa nueva creación?, ¿quién es el que da el nuevo nacimiento?, ya en el estudio anterior vimos la incapacidad del hombre en su estado caído y dejamos en claro a qué nos referimos con incapacidad para que no quede duda de la responsabilidad que el hombre tiene, hablamos también de su amor a las tinieblas y al pecado y de su rechazo a venir a la luz, por lo tanto descartamos al hombre mismo, como si él pudiera obrar ese cambio radical en sí mismo, las palabras del Señor Jesucristo a Nicodemo en San Juan 3 dice “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”, este no es un mandamiento para qué Nicodemo haga algo, es una oración de indicativo, no de imperativo es la declaración de un hecho designado para indicarle a Nicodemo que tiene una necesidad espiritual y que carece de la capacidad por sí mismo para entrar en el reino de Dios.

Descartado el hombre como quién obra en el nuevo nacimiento, también nos es necesario descartarnos a nosotros como agentes de la predicación humana, no somos nosotros los que cambiamos a las personas nosotros nos podemos convertir a nadie, nuestro papel es la proclamación del evangelio a todo hombre, es a eso precisamente lo que a continuación se va a referir el apóstol Pablo en la parte final de este capítulo “18 y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”,esto es lo que conocemos teológicamente como el llamamiento general, esto es lo que le corresponde a la iglesia la predicación humana a toda persona que podamos, ante la predicación del evangelio muchos lo rechazan pero hay otros que responden con fe para salvación, sabemos que no hemos sido nosotros, no ha sido nuestra persistencia, no ha sido la elocuencia de nuestras palabras y tampoco cuan disuasivos somos, la parte que nos corresponde es predicar el evangelio, pero generar una nueva vida y cambiar un corazón de piedra es algo que no nos corresponde a nosotros, si alguien responde con fe ante la predicación del evangelio sabemos por la escritura que es Dios quien ha obrado ese cambio radical a esto es a lo que se llama la doctrina del llamamiento eficaz, porque ha sido Dios, el mismo que ante su voz creó todas las cosas es quien ha obrado por medio de la predicación humana Él ha hecho un milagro, una nueva creación, un nuevo nacimiento.

Es muy importante entender esto porque a veces nosotros queremos llevar sobre nuestros hombros a aquellos a quienes les compartimos este mensaje de salvación, inicialmente como niños y como bebés se les asiste, les impulsamos, les traemos y pasado el tiempo les seguimos animando, los exhortamos, pero el verdadero creyente deberá caminar por sí mismo en pos de su Señor de lo contrario fingiremos con nuestro esfuerzo una falsa conversión y apenas dejemos esa insistencia, esa persona simplemente dejará de venir porque no es algo que brota de una naturaleza transformada, nosotros debemos persuadir, insistir, orar por la conversión de aquellos que aún no les ha amanecido.

Por lo tanto ¿qué es lo que nos corresponde a nosotros? anunciar el evangelio el llamamiento general pero cuando alguien responde es porque Dios ha obrado en el llamamiento eficaz y uno de los pasajes que lo Ilustra es el de Lidia la vendedora de púrpura en donde se muestra lo que nos corresponde a nosotros como creyentes, pero finalmente lo que hace Dios cuando le place a través de la predicación del evangelio salvar a una persona, hechos 16:14 el apóstol Pablo se encuentra en esta ciudad y se dirige al borde del río donde se reunían las mujeres a hacer las labores y empieza a predicar el evangelio “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios”,  cuando se refiere con “adoraba a Dios” aquellas personas no eran judías pero habían escuchado del Dios de los judíos, del Dios de las escrituras, es más se les identifica en la palabra de Dios como temerosos de Dios, gentiles que eran temerosos de Dios o en este caso una mujer que adoraba a Dios, pero tanto estos gentiles como los mismos judíos tenedores de la ley necesitaban depositar su confianza en aquel que es el único camino para salvación en Jesucristo, así que cuando la escritura nos dice acerca de Lidia que era una adoradora Dios o una temerosa de Dios, aunque conociera el Dios de las escrituras necesitaba venir a Cristo también en arrepentimiento y fe y el apóstol estaba predicando el evangelio allí y dice de ella “estaba oyendo” y esto es sublime y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía predicar a tiempo y a destiempo, a toda carne, en toda ocasión pero es Dios el que abre el corazón de esta mujer para que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Los primeros reformadores hablaban de ese llamamiento que hace Dios y que no es igual al llamamiento que hacemos nosotros en la predicación humana, algunos los rechazan, algunos se burlan pero ¿cómo puede responder el hombre natural en arrepentimiento y fe a la predicación del evangelio?, ¡no puede! entonces ¿por qué responde? porque Dios en su poder por medio de la predicación humana, su Espíritu Santo llama y garantiza una orden positiva contraria a la condición en la que se encontraba esa persona muerta espiritualmente, ciega a las cosas que vienen del espíritu de Dios, esclava del pecado y ellos (los reformadores) incluían en ese llamamiento eficaz como una expresión de Dios llamando como el gobernante celestial y asegurando una respuesta aún de parte de esa persona.

Esto que hemos visto ¿qué?, ¿quién es el que produce esa nueva vida?, no es el hombre por una determinación propia y mucho menos somos nosotros, nos debe quedar muy claro porque se puede caer en uno de estos dos errores:

1.- Pensar que la conversión de alguien está en nuestras manos y ese peso no lo podemos llevar nosotros, si debemos sentir el peso de cerrar nuestras bocas negligentemente por cobardía, por incredulidad, por comodidad pero llevar sobre nuestros hombros el peso de que una persona no responda positivamente al evangelio es algo que no nos corresponde, cada persona deberá dar cuenta a Dios, la conversión de alguien no está en nuestras manos, usted puede ser lo más persuasivo, lo más insistente usted puede conocerse todos los detalles de la teología y hablarle con un severo argumento y la persona lo puede mirar y decir “mmmm me parece bonito” y lo debemos tener presente porque puede resultar en el uso torpe de estrategias humanas para tratar de hacer lo que ningún hombre puede hacer, pero si hay algo que nos corresponde y eso es la predicación del evangelio.

2.- Otro error es que al saber que Dios es quien elige soberanamente para salvación antes de la fundación del mundo y al saber que quien obra en el hombre caído transformándolo para que responda con fe, es Dios y solo Dios y el hombre no tiene la capacidad, lleguemos a desestimar la labor que sí nos ha sido encomendada que es la evangelización y es muy usual en personas que están llegando a la fe bíblica “si Dios ya eligió y si el hombre no puede responder para sí mismo para qué le predicó, qué tal que yo le predique y no sea un elegido para qué pierdo mi tiempo si ya fue elegido, va a ser salvo”, ¡grave error!, apenas están aruñando las verdades de la gloriosa de las doctrinas de la gracia. Sí Dios ha establecido en su soberanía y en su bondad a aquellos que ha de rescatar en Cristo Jesús, pero nosotros no tenemos idea de quiénes son y por otro lado negarnos a predicar el evangelio porque Dios ya ha elegido, es pasar por alto que Dios también ha establecido el medio por el cual Dios trae salvación a los perdidos, la predicación del evangelio, nadie se va a salvar en ausencia de la predicación del evangelio, así que amados hermanos no caigamos en la torpeza de ante la gloriosa doctrina de la elección, de antes de la fundación del mundo, de la condición del hombre natural y su incapacidad de simplemente decir “no hay nada que hacer”, eso es como aquella persona que ve en la escritura que Dios promete que pondrá el pan en su mesa y se queda en su casa mañana, tarde y noche y pasan los días y está cada día más flaco, NO!, nosotros trabajamos diligentemente bajo el principio del trabajador cristiano, al ojo de Dios y no al ojo del hombre y así es el medio que Dios ha establecido para que el pan esté sobre nuestra mesa y puesto el pan sobre nuestra mesa ¿qué decimos como creyentes?, gracias Señor, Dios también ha establecido los medios en la salvación y el medio que Dios ha establecido es la predicación humana del evangelio, el apóstol Pablo expresa la urgencia, la necesidad de la predicación del evangelio,  Romanos 10 “13porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo, 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”, hay un texto que ilumina preciosamente este obrar soberano de Dios en la salvación y el medio humano que ha establecido para este propósito, el compartir las buenas nuevas de salvación 2Tes. 2:13-14 “13Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, 14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo, 1Tes. 1:4-5 4Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente (predicación humana), sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

Así que amados hermanos la obra soberana de Dios en la salvación no anula lo que Dios mismo ha establecido para la salvación, ¿qué nos corresponde a nosotros?, predicar el evangelio, pero quien da el nuevo nacimiento es una obra exclusiva de Dios, Juan 1 “12Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios 13los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios, son engendrados, no por iniciativa personal, no por iniciativa de otro, no porque depende hombre, son engendrados, son nacidos de nuevo, son regenerados porque ha sido la voluntad de Dios, es Dios quien obra en la salvación de principio a fin (monergismo, uno solo es el que obra en la salvación y específicamente el Espíritu Santo), al mismo Nicodemo allí en Juan 3 le dice “respondió Jesús De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

¿Quién es entonces el que obra en el nuevo nacimiento?, es una obra soberana de Dios que debemos entender para no caer en equivocaciones, porque hay un papel que Dios ha establecido la predicación del evangelio para salvación eso es lo que nos corresponde.

¿Qué evidencias hay de que se ha nacido de nuevo?, este es el último punto, muchas de las definiciones que los teólogos proponen que es un acto secreto de Dios, otros lo expresan como misterioso en el sentido de que no conocemos la naturaleza exacta de esa obra porque es algo sobrenatural, es un milagro las palabras de nuestro Señor Jesucristo también señalan ese obrar misterioso, secreto del Espíritu Santo cuando está impartiendo vida espiritual al mismo Nicodemo le dice “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”, R.C. Sproul lo explica de una manera sencilla “nadie puede ver lo que Dios está haciendo en el alma de otra persona”, es por eso que la escritura nos advierte que aun cuando el ser humano mira la apariencia externa, sólo Dios conoce el corazón.

La regeneración, el nuevo nacimiento, es una realidad espiritual que se efectúa en el interior de la persona transformándola aunque es invisible en ese momento a nuestra percepción es como el viento.

Nosotros no podemos concluir si una persona ha nacido de nuevo, en buena fe cuando proclama fe en el Señor Jesucristo y cuando empieza a vivir una vida consistente al evangelio a todos se les trata como hermanos pero la verdad es que es misteriosa y secreto ese obrar de Dios porque solamente Dios conoce el interior del corazón del hombre, pero aunque la regeneración es invisible para los ojos de los que estamos alrededor nosotros debemos tener presente que si podemos ver sus efectos tal como vemos, oímos y sentimos los efectos del viento.

¿Qué evidencia hay entonces de que se ha nacido de nuevo? ¿dónde buscamos las manifestaciones tangibles del nuevo nacimiento? lo vemos en los frutos de una vida transformada Gál. 5 “22Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza,  ¿qué evidencia tenemos de que alguien ha nacido de nuevo?, lo que se empieza a dar  en su vida, un carácter que empieza a ser transformado, aquí es donde muchos entran en una especie de crisis, un hombre de Dios escribió con gran sinceridad y en humillación “todos luchamos mientras evaluamos nuestra vida cristiana, podemos ver cambios para bien en nuestra vida ¡gloria a Dios!, pero también vemos las cosas que no quisiéramos ver las cosas que no queremos que nadie vea pero lo que finalmente queda es esa evidencia de un cambio en la orientación interior de nuestra inclinación nuestra actitud hacia las cosas de Dios” cuando nosotros nos evaluamos por mucho tiempo que tengamos en el Señor y aún porque su gracia se haya manifestado en madurez para nuestra vida, siempre estaremos insatisfechos pero nunca inseguros de la gracia de Dios, es sobre la base de nuestra salvación que al ver aún esas inconsistencias podemos ver en todo caso que ya no somos los mismos, podríamos decir a la misma voz a quien más iremos, no consideramos de ninguna manera otro camino no hay otro camino para nosotros.

Muchos luchan pero esperamos que la madurez en la fe escritural les permita estar sobre el fundamento firme de la seguridad de la salvación, la dependencia para salvación en Cristo Jesús y que definitivamente hay una nueva orientación en su vida, hay inconsistencias hay circunstancias difíciles, hay pecado si es verdad y ¿qué hacemos nos vamos para el mundo a bebérnoslo? jamás no está en nuestra consideración, ayúdenos el Señor, somos negligentes, menospreciamos los medios de gracia, dejamos de orar frecuentemente nos excusamos diciendo “es que no me dan ganas de orar” y ¿quién dijo que se tienen que tener ganas para orar?, oramos porque entendemos nuestra dependencia y necesidad de Dios, para nosotros venir a congregarnos es algo que ya ni siquiera consideramos o no, eso está establecido, buscamos y tratamos de apartar un tiempo para el estudio de la palabra, para la comunión con los hermanos, para la instrucción, para la exhortación, para estimularnos a las buenas cosas y aun así probablemente hasta el último suspiro que quede en nosotros tendremos que admitir nuestra incapacidad total y traer a la mente que Dios es un gran salvador, esto no significa conformarse o aceptar el pecado en la vida, porque si somos sus hijos recibiremos la disciplina paternal de nuestro Dios, cualquier verdadero creyente ha experimentado lo que David expresó mientras calle se secaron mis huesos y he sentido su mano pesada sobre mí todos luchamos mientras evaluamos nuestra vida cristiana, pero esta es la evidencia que tenemos nuestra vida ahora tiene una orientación distinta a la que teníamos antes.

1.- Una primera evidencia entonces es el arrepentimiento y fe salvadora que brotan del hombre redimido.

2.- Un patrón de vida distinto, un crecimiento en santidad eso es lo que se espera de un nacido de nuevo y eso no significa por supuesto que el creyente va a tener una vida perfecta y sin pecado sino solo que su estilo de vida no va a ser el de estar viviendo continuamente en el pecado, ya no es lo suyo.

3.- La santificación, que es otro de los ricos aspectos de la obra de redención es empezar a crecer en santidad ajustándonos cada vez más a la vida apartada del pecado ajustada al consejo de su palabra, el pecado ya no es gobernante en nuestros corazón es ahora el Espíritu Santo que nos fue dado el que nos impulsa a querer agradar a Dios a obedecer su voluntad, y ese es el patrón de vida distinto, una orientación distinta, una evidencia de que se ha nacido de nuevo, es el nuevo nacimiento precisamente el inicio de esa vida en santidad es por eso que Pablo puede decir “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” y cuando dice todas son hechas nuevas no es en el sentido de una santificación completa de su persona, es que al ser una nueva creación va a resultar en una vida nueva, su vida nueva es el resultado de un nuevo nacimiento.

El nuevo nacimiento es el punto de partida en este proceso que continúa hasta que seamos glorificados pero es la evidencia que se espera de que alguien realmente ha nacido de nuevo.

Cierro este estudio del v-17 con la cita de R.C. Sproul el punto “es que la iniciativa es de Dios, la salvación es del Señor, si has venido a ser cristiano recientemente y estas tratando de comprender lo que te ha ocurrido creo que es de vital importancia que entiendas este punto al comienzo de tu desarrollo cristiano para que tengas una adecuada apreciación de la gracia de Dios establecida en el comienzo mismo de tu caminar con Él y sobre esta base caminar en santidad” es por eso que el apóstol Pablo concluye en el versículo 18 diciendo “y todo esto proviene de Dios quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo”.

 

Preparado por hermanos de la iglesia Dios Proveerá

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